¿Podemos crear una sociedad feliz?
La diferencia entre un país feliz y uno infeliz no es algo trivial. Entonces, ¿cómo podemos crear una sociedad feliz? Los países escandinavos suelen tener buenos resultados en

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“La felicidad no es algo que ya esté hecho. Proviene de tus propias acciones”. – Dalai Lama
Imagina dos tipos de sociedades. En una sociedad, las personas están estresadas, infelices, tensas, irritables y son egocéntricas. En otra, las personas están tranquilas, felices, sin preocupaciones y son compasivas. La diferencia entre estas dos sociedades es evidente y vasta. Es más probable que las personas estén más satisfechas en la segunda sociedad. También se espera que sean más saludables, estén más seguras y tengan mejores relaciones.
La diferencia entre un país feliz y uno infeliz no es algo trivial. Entonces, ¿cómo podemos crear una sociedad feliz? Los países escandinavos suelen tener buenos resultados en este aspecto. Generalmente cumplen con los prerrequisitos del Informe Mundial de la Felicidad para la felicidad nacional: apoyo social, ingresos, esperanza de vida saludable, confianza en su gobierno, libertad y generosidad. No es de extrañar que suelan estar en la cima de los rankings mundiales de felicidad.
Otros países como Bután, el Reino Unido y Nueva Zelanda siguen su ejemplo. Bután fue el primer país en crear una política basada en la felicidad de sus ciudadanos, afirmando que la Felicidad Nacional Bruta (FNB) es una medida de prosperidad y progreso más importante que el Producto Nacional Bruto (PNB). En 2010, el Reino Unido desarrolló un programa nacional de bienestar, mientras que Nueva Zelanda introdujo el “presupuesto de bienestar”, con la intención de mejorar el bienestar de sus ciudadanos más vulnerables. Estos ejemplos nos muestran que es posible cambiar incluso los lugares más infelices, siempre y cuando sus líderes estén dispuestos a hacerlo.
Sin embargo, no todos los países son felices. Ya sean desarrollados o no, ricos o pobres, algunos países no logran garantizar la felicidad de su gente. Los resultados del Informe Mundial de la Felicidad y otras investigaciones muestran que, a nivel global, los líderes de tales países no se centran en la felicidad de su pueblo, y la historia nos enseña que aquellos gobiernos que no ponen la felicidad en primer lugar corren el riesgo de ser barridos. Ed Diener, un famoso profesor de psicología en la Universidad de Utah y la Universidad de Virginia, señala que la felicidad es responsabilidad tanto del Estado como del individuo. Nuestros gobiernos y legisladores pueden facilitar la búsqueda de la felicidad, pero es el individuo quien debe seguir ese camino.
Esto nos devuelve a la importancia de la conciencia. Ser consciente (de uno mismo) nos permite identificar nuestros pensamientos, acciones y comportamientos. Al ser autoconscientes, podemos entender quiénes somos, cómo nos ven los demás y cuál es nuestro papel en la sociedad. Nuestra felicidad depende de esta capacidad, así como de la capacidad de tener conciencia social.
La conciencia social tiene sus raíces en la compasión y la empatía. Tener conciencia social significa entender cómo funciona nuestra sociedad, cuáles son sus problemas, luchas, culturas y normas. Ser socialmente consciente es salir de la burbuja personal para escuchar y preocuparse por los demás. La conciencia social nos ayuda a aumentar la positividad, formar relaciones saludables, nos enseña a apreciar a los demás y las cosas que tenemos, reduce los juicios y aumenta la simpatía y la tolerancia.
Dado que la educación desempeña un papel esencial en la socialización y la felicidad de las personas, las escuelas y universidades también deberían tener un papel crucial en el esfuerzo por aumentar la felicidad en una sociedad. ¿Por qué? Porque además de ser productoras de conocimiento, las instituciones educativas son responsables de formar a los estudiantes para que sean miembros productivos y valiosos de la sociedad. También ayudan a las personas a crear vidas significativas y una felicidad sostenible.
Además de mejorar el nivel de vida económico y educativo, los legisladores también deberían pensar en formas de aumentar la felicidad y el bienestar de las sociedades fortaleciendo sus sistemas de salud. Esto es algo evidente, ya que la salud es uno de los factores más importantes de la felicidad humana. Múltiples estudios han demostrado que las personas felices tienen un mejor sistema inmunológico, un menor riesgo de diabetes y enfermedades cardíacas, y menos dolores crónicos. Las personas felices también viven más tiempo. Las políticas centradas en la felicidad y el bienestar pueden conducir a mejores resultados de salud, lo que en última instancia puede mejorar el desempeño de la atención médica.
También debemos pensar en la inclusión social y el empoderamiento de las personas. La inclusión social es lo que mantiene unida a la sociedad. A través del empoderamiento social, las personas pueden tener un mayor control sobre sus vidas y vivir como deseen. Sin embargo, para que esto se logre plenamente, se requiere un cierto estándar de salud y educación.
Estos elementos son cruciales para crear una sociedad decente y feliz. Son indicadores de cómo podemos construir sociedades aún mejores en el futuro.
Una sociedad más feliz es posible
“¿De qué sirve una casa fina si no tienes un planeta tolerable donde ponerla?” – Henry David Thoreau
Todos estamos conectados a un mundo más amplio a través de nuestras comunidades. Es de sentido común querer hacer de nuestra comunidad, sociedad y mundo un lugar mejor para que todos vivamos.
Para crear una sociedad feliz y próspera, necesitamos desarrollar y apoyar programas de incentivos que beneficien a las personas que nos rodean, incluso cuando no nos beneficien personalmente. Si queremos mejorar la felicidad de la sociedad, tales incentivos y programas deben ser adoptados por los gobiernos, las organizaciones locales e internacionales y por todos los que deseen una sociedad más feliz.
El Happytalismo trata de realizar este cambio hacia una sociedad más feliz, donde las personas puedan llevar vidas felices, equilibradas y significativas. Sin embargo, aunque la idea es clara, requiere un cambio social y cultural considerable. El objetivo del Happytalismo es reunir a personas que creen que podemos crear un mundo mejor y alentarlas a hacer todo lo posible para aumentar la felicidad y el bienestar de los demás.
Queremos ayudar a crear sociedades que pongan la felicidad de su gente en primer lugar. Queremos animar a las personas a abandonar los comportamientos egoístas, egocéntricos, materialistas y sin sentido, y guiarlas hacia una forma de vida más amorosa. Nuestro objetivo es inspirar a otros a llevar vidas plenas y ayudarlos a realizar cambios positivos en sus hogares, lugares de trabajo, escuelas y comunidades.
La felicidad que queremos cultivar en la vida de las personas no es solo una felicidad que se puede encontrar y perder en un instante, sino una felicidad con poder de permanencia. Es posible que al principio tengamos que trabajar duro por la felicidad, pero una vez lograda, se vuelve más fácil y natural con el tiempo: una meta que vale la pena.
Leer la parte 1 de la serie – Felicidad en un mundo infeliz


