Una I.D.E.A. para la justicia social

"La justicia social es el garante más seguro de la paz en el mundo". - Guy Ryder

Por Luis Miguel Gallardo, Hipnoterapeuta Certificado5 min de lectura1,105 palabras
Una I.D.E.A. para la justicia social

De un vistazo

Resumen asistido por IA

“La justicia social es el garante más seguro de la paz en el mundo”. – Guy Ryder

El despertar ante el racismo sistémico, la desigualdad, el estigma y otros comportamientos perjudiciales en el contexto de una pandemia global ha hecho que estas injusticias sociales sean imposibles de ignorar por más tiempo, y está impulsando lentamente a gobiernos, líderes mundiales y organizaciones a establecer y fortalecer enfoques de inclusión, diversidad, equidad y accesibilidad (I.D.E.A.). Los países y las organizaciones que los integran están moldeando el futuro de la humanidad y, por lo tanto, tienen la responsabilidad de situar a IDEA en el centro de sus misiones. Hasta ahora, hemos visto a muchas organizaciones tomar medidas firmes que son fundamentalmente importantes para integrar los principios de IDEA, pero no se logrará un cambio permanente hasta que el marco de IDEA se convierta en una competencia central de liderazgo.

¿Qué significa IDEA?

Inclusión, diversidad, equidad y accesibilidad (I.D.E.A., por sus siglas en inglés) es un acrónimo que resume los esfuerzos que las instituciones y organizaciones realizan para crear un entorno más acogedor para las personas con estatus menos privilegiados. En conjunto, los esfuerzos de inclusión, diversidad, equidad y accesibilidad buscan crear un cambio sistémico significativo hacia entornos más equitativos. Parte del problema al construir una estrategia de IDEA es no conocer la diferencia entre estos cuatro conceptos y cómo abordar cada uno. Para ayudarle a comprender mejor y comenzar adecuadamente, desglosemos cada parte:

1. Inclusión – Todos se sienten bienvenidos y valorados: La inclusión es el acto de formar entornos en los que cualquier grupo o individuo pueda ser y sentirse bienvenido, representado, respetado, apoyado y valorado para participar plenamente. Un entorno inclusivo y acogedor es aquel que acepta las diferencias y ofrece respeto en palabras y acciones hacia todas las personas. Es importante mencionar que, aunque un grupo inclusivo es por definición diverso, un grupo diverso no es necesariamente inclusivo. Al reconocer los sesgos inconscientes o implícitos, las instituciones y organizaciones pueden ser deliberadas al abordar los problemas de inclusión.

2. Diversidad – Todas las formas en que las personas difieren: La diversidad incluye todas las formas en que nosotros, como seres humanos, diferimos, abarcando diversas características que hacen que una persona o un grupo sea diferente de otro. Aunque la diversidad se utiliza a menudo en relación con la raza, el género y la etnia, de hecho, abarca un espectro más amplio de características como la edad, el origen nacional, la discapacidad, la religión, la orientación sexual, la educación, el estatus socioeconómico, el estado civil, el idioma, la apariencia física y otros identificadores.

3. Equidad – Todos tienen la oportunidad de participar plenamente: La equidad incorpora las políticas y prácticas utilizadas para garantizar el trato justo, la oportunidad, el acceso y el avance de todas las personas, al tiempo que intenta identificar y eliminar las barreras que históricamente han impedido la participación completa de algunas personas o grupos. Mejorar la equidad significa aumentar la imparcialidad y la justicia dentro de los procesos y procedimientos de las instituciones, sistemas y organizaciones, así como en su distribución de recursos.

4. Accesibilidad – De cualquier y de todas las capacidades: La accesibilidad se refiere al compromiso de las instituciones y organizaciones para que todos sean incluidos en todas las actividades y programas. En otras palabras, es el medio que permite a cada individuo o grupo participar en la sociedad de la forma más independiente posible.

Usar una mentalidad de abundancia para promover la justicia social

“Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y reaprender”. – Alvin Toffler.

Todos hemos oído hablar de los términos mentalidad de abundancia y de escasez. Estos términos se utilizan para explicar la mentalidad de las personas que piensan en términos de escasez frente a otras que piensan en términos de abundancia. Tener una mentalidad de escasez le hará creer que no hay suficientes puestos de trabajo, ni suficientes recursos, ni suficiente innovación, financiación, simplemente: no hay suficiente. Esta forma de pensar acaba limitándonos y cerrándonos al mundo. Por el contrario, una mentalidad abundante puede ayudarnos a reconocer diversas oportunidades de negocio, abundantes recursos, opciones de financiación e innovación (basta con ver lo que está ocurriendo con la Web 3.0, el blockchain, la innovación en la gestión de servicios públicos que puede salvarnos del cambio climático, etc.).

Dentro de lo razonable, una mentalidad de escasez puede ayudarnos a mantener nuestra atención en las cosas importantes, a planificar, presupuestar y predecir, todo ello para que podamos llevar con seguridad nuestras vidas, empresas, organizaciones y gobiernos. Por otro lado, una mentalidad de abundancia nos permite centrarnos en la aparición de nuevas oportunidades y nuevas opciones, lo que a su vez conduce a visiones más amplias. Una vez que empezamos a buscar más, pronto vemos más en todas partes a nuestro alrededor, y empezamos a esperar más. Sin duda, convertir una mentalidad de escasez en una de abundancia conduce a resultados positivos, tanto a nivel individual como global. Entonces, ¿cómo pueden los líderes de organizaciones, instituciones e incluso gobiernos dar un giro hacia una mentalidad de abundancia y con ella promover la justicia social?

Pues bien, es obvio por dónde tienen que empezar: por su propia mentalidad. Los líderes deben infundir en la narrativa de la justicia social una perspectiva de empoderamiento y abundancia para poner en marcha el cambio y liberarse de las cosas que nos han frenado hasta ahora. A partir de ahí, debemos:

1. Reconocer la brecha entre el estado actual de los problemas de justicia social y lo que hay que cambiar;

2. Comprometerse a desaprender, por muy difícil que les parezca a los líderes evitar que su mentalidad de escasez se convierta en una barrera para aprender y construir nuevas formas de funcionamiento que se basen en el marco IDEA, y finalmente;

3. Practicar el nuevo modelo de funcionamiento continuamente. Como cualquier mal hábito, desaprender requiere compromiso, práctica y repetición.

El objetivo de la Fundación Mundial de la Felicidad (World Happiness Foundation) es ayudar a conectar a organizaciones y líderes mundiales entre sí en torno a temas, iniciativas y programas importantes para que puedan explorar y crear (las tan necesarias) hojas de ruta compartidas hacia el logro de objetivos comunes de justicia social. Pero, para comenzar este importante trabajo, debemos replantear nuestra forma de pensar y abordar los problemas que permitirán a todas las personas vivir con dignidad, respeto, oportunidad y seguridad. Creo que podemos lograrlo.

Siga leyendo la serie. Aprovechar la ira para impulsar el cambio

Anterior

Siguiente

Compartir

¿Qué está buscando?